jueves, 23 de marzo de 2017

Villa Animalia #2

     Siempre pensé que la soledad era una bendición. Decidir moverme sin arrastrar a nadie más que mi familia y sus preocupaciones. Tal vez lo pensaba por la soledad y la falta de pareja: viudez voluntaria, un número primo sin raíz cuadrada.
     Hace unos dìas la casa de mi nuevo vecino se incendió. La estupidez humana se adjudicó el atentado. Un gásfiter que arreglaba el baño estaba cerca del foco del fuego: una cortina achurrascándose debido a una falla eléctrica. La primera reacción fue arrojarle una botella con agua, que estaba en el lugar. El problema es que era aguarrás, el problema es que el fuego se riega con combustible, el problema es que el proletario nunca ha sabido enfrentarse al fuego.
     La casa secundó el caluroso día y el trabajador fue arrestado por carabineros para aclarar el hecho. Yo lo hubiese enviado a clases de química, urgentes!!! Better Call Heisemberg.
      Los gatos desaparecieron. En un principio me sentí bendecido por el fuego. De verdad fue muy cerca el incendio. Espero que los leones de mi patio hayan podido escapar. Solo he visto al más pequeño. Ayer estaba tomando sol bajo los escombros, sin entender mucho. Yo tampoco entiendo nada. Son días crudos.

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