viernes, 22 de julio de 2016

JULIO TERMINA EN JULIO

Pero ¿qué son la verdad religiosa de la que no puede dudarse, la majestad (la del pueblo, por ejemplo), que no puede sacudirse sin lesa majestad, la virtud, a la que el censor de la moralidad no tolera el menor ataque? ¿No son otras tantas ideas obsesivas? ¿Y qué es, por ejemplo, ese desatinar que llena la mayor parte de nuestros periódicos, sino el lenguaje de locos, a quienes hechiza una idea obsesiva de legalidad, de moralidad, de cristianismo, locos que no parecen estar libres más que por la magnitud del patio en que tienen sus recreos? Tratad de convencer a tal loco acerca de su manía e inmediatamente tendréis que proteger vuestro espinazo contra su maldad; porque esos locos de grandes alas tienen, además, esa semejanza con las gentes declaradas locas en debida forma: se arrojan rencorosamente sobre cualquiera que roce su obsesión. 

Max Stirner - El único y su propiedad (1845) 

Volver a Valparaíso. Por obligación y no por compromiso. O bueno, en realidad sí. Por compromiso conmigo mismo no con la ciudad. Los compromisos implican entrega y yo no dejaría mucho por esta ciudad que me ha quitado tanto: sus instituciones me domesticaron, me quitaron las neuronas y los pulmones. Me quitaron el instinto y mucho de lucidez. Por ende, no podría ser un compromiso volver de manera definitiva pero aquí estoy. La necedad y la necesidad de dinero. El deber de continuar estudios de posgrado y la ilusión de buscar otros aires.
Un día y de un momento a otro un amigo se suicida (o lo suicidan, pero eso ya es harina de otro costal). Digamos que mi amigo desaparece de la existencia humana de manera radical, aunque el recuerdo contradice a la muerte. Más bien habría que decir que Gonzalo hace un paréntesis y elabora una ficción inconsciente. Lo despedimos los vivos, o quienes pensamos que la vida se reduce a la respiración y a la risa. De ahí en más todo se vuelve absurdo y Valparaíso termina por servirme de guarida, de embajada para el desquicio. Las drogas abundan y son excelente mercado. Necesito pagar $700.000 y por suerte los pagué. Si Chile fuese una paisaje civilizado, la despenalización sería una realidad y discutiríamos sobre calidad o cobertura. Pero no. El negocio de la moral y la ilegalidad es más fuerte. La decepción y la adicción también y Gonzalo toma un atajo, desaparece con otro truco de magia y nos tiene a todos como estúpidos resolviendo su incógnita.
¿Por qué seguir? o más bien  ¿Para qué seguir nadando contra la corriente? La oportunista teleología cobra importancia en períodos de crisis. Yo decido salir a flote, rimar para remar, seguir las consecuencias de mis acciones, una dirección propia guiada por mi instinto. Las crisis de fe invade la ciudad y la salvación se oferta como droga dura en la plaza.
¿Por qué levantarme si en la noche debo volver a acostarme? La trascendencia me mira por la ventana entreabierta que da hacia la calle. Se ríe y me interpela: ¿Qué pasó con el ateismo? Dicen que no existen ateos en las trincheras. Yo solo pienso que nunca dejé de creer y que por lo demás, nadie llega por coincidencia a una trinchera. Mi agnosticismo en ciernes responde que sí, que sigo siendo ateo aunque a esta altura poco importa. Y no solo porque Nietzsche es nuestro asesino favorito sino que por absoluto convencimiento de mí mismo. De ese compromiso conmigo mismo que me hizo volver Valparaíso, esta ciudad ureálica, que me hace desestimar la superioridad, la perfección y la omnipotencia de un Dios. Ese tipo ya no me importa. Fue a comprar cigarros y aún no regresa. Dicen que mi amigo Gonzalo salió trás él y llevaba un arma bajo la manga.

Por lo pronto, la ciudad sigue hediendo. Valporro y todas sus especias.


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